Las Convenciones del Género

Ésta es una entrada que escribí hace un tiempo (cosa de año y medio), pero que decidí sacar de mi blog en LJcom para republicarlo aquí. Digamos que le tengo cariño al tema, y redacté la entrada pensando más con el hígado que con la cabeza: a pesar del tiempo transcurrido, nunca me animé a pasar Silent Hill 2, y de hecho sigo en los primeros niveles.

Así, pues…

Luego de jugar Rule Of Rose un tanto, un bizarro juego con varios elementos interesantes, conseguimos al fin Silent Hill 2: Restless Dreams. Digo “por fin” porque me habían dicho en tiendas locales que no lo encontraría por ser un juego algo desactualizado ya (aunque, curiosamente, sí he encontrado Fatal Frame I, más “antiguo” que SH2), y no es tampoco como estuviésemos ansiosos por probarlo… Hemos visto tantas parodias del juego, que lo menos que podíamos hacer era intentar jugarlo y entender los chistes.

Así que con apenas una hora de juego, no es mucho lo que puedo decir de SH2. Pero sí me gustaría hablar de las convenciones del género. Específicamente, del género de survival horror. Antes de continuar, menciono lo que entiendo por una convención del género: digamos que estás mirando una película de acción (filmada en los EEUU) y el auto cae por el barranco derechito a las gélidas aguas del mar. El auto explota, comúnmente no más tocando la superficie del agua y, en algunos casos, antes de tocarla (alguien calculó mal la carga de explosivos para los FX). Si le buscamos una explicación al Síndrome De Los Autos Que Hacen Boom Ni Bien Alguien Les Pegue Una Patada En La Carrocería, la respuesta será bastante simple: es que es una convención del género.

Como lo es, por ejemplo, que en una historia shounen al protagonista lo atraviesen en repetidas ocasiones con una katana, lo lancen contra todas las paredes del recinto, lo hagan caer unos 35 metros, lo sumerjan en ácido, le revienten una bola de fuego en la cara y hasta uno que otro planeta (si recordamos Dragon Ball), pero a lo sumo el buen héroe sólo quedará incapacitado y momentáneamente aturdido hasta lograr alcanzar el Décimo Primero Sentido, el Súper Saiya 16 o el nivel de Bankai 9.5 versión 2. Sin contar que una vez que haya finiquitado a su enemigo, seguirá de pie como si el planeta que le tiraron encima hubiese sido un vil terrón de barro reseco, y la misteriosa herida de espada en su estómago, ésa que en otros seres hubiera provocado una fuga masiva de órganos (intestinos, en este caso), a él se le acaba de cerrar por arte de inconsistencia argumental o, como lo quiero poner ahora, convención del género.

Un último ejemplo: las películas de artes marciales asiáticas. Preferentemente las de wuxia (chinas de artes marciales), en las que todo vuela (todo: gente + objetos del escenario, y a veces, unos cuantos árboles, con la ocasional montaña que aparece cada cierta cantidad de filmes) y la gente llega a sangrar unos 20 litros de sangre por corte. De allí la frase sangrar como chino que se usa entre algunos fans de este tipo de peliculas (mis hermanos y yo), con su consiguiente variación sangrar como el Dragón Shiryuu de Saint Seiya, bastante común entre ex seguidores de la serie (mis hermanos y yo).

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