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¿Doce días desde que actualicé mi blog? Como que lo tengo algo inactivo y más o menos descuidado. Me excuso diciendo que aproveché los últimos días de mis vacaciones para actualizar las dos únicas páginas web que tengo en la red (aparte de mis fanlistings, pero considerando que a éstas las veo una vez cada dos meses y no les he cambiado el layout en literalmente años, no cuentan). El porqué se me ocurre hacerlo en la última semana de vacaciones cuando tuve un mes, bueno, sólo lo puedo explicar citando el estilo peruano de hacer las cosas (siempre al último). Y, por otra parte, creo que ésta ha sido la actualización más postergada que alguna vez he tenido, ya que he he estado escribiéndola desde hace una semana pero sólo ahora la publico. Y en vez de publicar el raje sobre el uso del idioma que tenía planeado… sólo será una entrada de un ranteo más general.

Otra razón por la que tampoco he estado escribiendo en mi blog: en vez de usar las horas libres que tengo en la universidad para dedicarme a navegar en la red (y escribir entradas), me dediqué a terminar un fic que tengo en proyecto/mente/preparación desde hace un par de años. O comenzar a escribirlo, más bien. Escribí el primer capítulo hace más de un año: tipeé la primera parte en la laptop de mi hermana y la segunda, en un cuaderno (durante las horas libres en la uni). Como lo pueden estar imaginando, perdí esa primera parte en… quién sabe, supongo que la papelera de reciclaje cuando mi hermana limpió los archivos que tenía en su desktop; pensé que tenía una copia de ese archivo de texto en mi PC, pero permiten que lo recalque, sólo lo pensé. Así es como me olvidé de todo lo que era fanfiction hasta hace unos días, cuando decidí coger lo que todavía tenía de ese primer capítulo para terminarlo… pero está el problema de dejar una idea por mucho tiempo. Pierdes la ilación, lees lo que ya tienes y te parece que es mejor hacerle cambios, le hace cambios y entonces hay que reescribir… Se podría decir que tengo este fic en cuatro partes. O sea, en un desorden completo. He terminado de pasar a un formato de texto en la PC las partes que escribí esta semana, pero ahora falta darle una revisión general, hacer los cambios, y escribir la parte final de este capítulo (que decidí cambiar con respecto a la primera versión). Hasta el momento, este primer capítulo tiene unas 13,000+ palabras (hay una razón por la que no escribo drabbles: no tengo poder de síntesis); me he hecho el propósito de terminarlo antes del fin de este mes porque de lo contrario sé que nunca voy a tenerlo listo, o lo dejo en stand-by por otro año más. Dependiendo de lo que me diga mi beta reader y, en principio, la única persona por la que estoy escribiendo esta historia/para la que estoy escribiendo esta historia (ésa es mi hermana), ya me he trazado una rutina a seguir en mis horas libros en la uni para garabatear en mi cuaderno.


Decía que esta actualización ha estado accidentada. Cuando comencé a redactarla quería hacer un ranteo sobre la gente que usa mal el idioma esperando sonar bonito, pero me interrumpieron tantas veces al escribirla que le perdí la ilación por completo. Y, por ejemplo, este domingo ha sido la prueba viva de que en los días en los que supuestamente estás libre es cuando se te aparecen más cosas por hacer. O te interrumpen más. Sólo hoy por la noche ha sido increíble el timing que he tenido: mi madre fue a visitar a nuestra abuela y nos quedamos mi hermana y mi sobrina (hija de mi prima) en la casa. Pensé en tomar una ducha pero, como había algunos trastos sucios, me puse a lavarlos primero… y suena el teléfono. Que debe ser el ruido que detesto más (razón por la cual mi celular anda eternamente en modo silencioso/vibrador y nunca alcanzo a contestar llamadas a tiempo), pero no porque me resulte odioso, sino porque tiende a hacerse escuchar en los peores momentos posibles. Tener que quitarse el detergente de las manos, cerrar el grifo, secarse y coger el auricular: luego se preguntan porqué la persona que está llamando se queja de que uno se tardó demasiado en contestar. Era mi prima, que pedía hablar con mi hermana; luego de que le llevé el teléfono llamaron a la puerta: venían a entregar unos muebles que mi mamá dejó encargados, pero había que llevarlos a la casa nueva (a la que nos mudaremos en el transcurso de la siguiente semana), y la gente que hacía la entrega no conocía la dirección. Mi hermana quedó en ir con ellos a la casa nueva, y cuando estaba a punto de entrar a la ducha… suena otra vez el timbre. Tomando en cuenta que hay que bajar tres pisos, no fue una sorpresa que para cuando llegara a la puerta ya no encontrara a nadie allí (después me enteraría que fue mi primo, quien venía a entregarle algo a mi sobrina). E incluso ahora: mientras he estado escribiendo este párrafo he dejado la PC unas tres veces. Tampoco me sorprende que haya comenzado con la entrada a eso de las 8:00 y ahora sean casi las 11:00.

Para terminar de una vez con esta entrada, dejo a continuación un ranteo que escribí hace varios días y que ha estado aquí en mi blog en calidad de draft. Si no lo publico ahora puedo estar seguro de que seguirá en estado de borrador durante semanas más…

Llegamos al final de las olimpiadas de Beijing 2008. Aunque en realidad no las he estado siguiendo, sentarse un rato frente a la tv y escuchar a los comentaristas locales siempre da material para rajar del idioma. De cómo lo usan. Mal, generalmente.

Hace un par de entradas escribí sobre el uso del idioma, o más bien de cómo a algunos no les importa respetar las reglas gramaticales/ortográficas. Con eso no quería decir que todos deberíamos hablar como profesores de literatura, representantes de la Real Academia o thesaurus con patas, sino solamente… hablar (y escribir) como es debido. Tampoco excluyo el uso de términos coloquiales o de la jerga, pero vamos por partes para que se entienda. Regresando al tema de los comentaristas de la tv local… escucharlos es, como quien dice, una jarana de la lengua. En primer lugar, se han pasado todas estas olimpiadas llamando gringos no sólo a los estadounidenses, sino a todo atleta de tez y cabello claro que aparecía en pantalla. No entremos en cuestiones de racismo aquí… sino al hecho de que estos mismos comentaristas, aparentemente cuando alguien les hizo ver que el término gringo era peyorativo, se mandaron con la explicación del origen de la palabra (se cuenta que los mexicanos acuñaron ese término al referirse a los militares estadounidenses en su territorio, al decirles greens, go home!, refiriéndose al color de sus uniformes). Contada la supuesta anécdota, continuaron usando el término, supongo que tras asumir que como toda la gente lo usaba, ellos también podían, lo que me deja pensando si esos comentaristas conocían el significado de la palabra “peyorativo” para empezar. Para terminar de graficarlo: imagínanse a un comentarista deportivo norteamericano mirando un partido de fútbol y diciendo “pero cómo pelotean estos sudacas”.

De Olimpiadas anteriores recuerdos perlas tales como los comentaristas (mejor olvidar sus nombres y rememorarlos sólo como los que metían la pata) diciendo “Estados Unidos” al ver las letras U.E. en pantalla (por Unión Europea), o cómo es que “Morocco” debía ser uno de esos países nuevecitos creados en alguna parte de Euroasia (es Marruecos en inglés). Ya que en éstas he estado siguiendo las Olimpiadas, sólo me viene a la mente otra más, aparte de lo mencionado en el párrafo anterior: para describir el biotipo y la contextura física de algunos deportistas (como por ejemplo los nadadores, que tienen una caja toráxica mucho más desarrollada), un comentarista observó que las atletas femeninas dedicadas al salto alto eran amorfas. Traducción: tenían las piernas más largas. Posible palabra que debió usar, aunque tampoco suena muy elegante y tal vez no sea muy apropiada: desproporcionadas. Otro de los panelistas lo corrigió, tal vez asaltado por imágenes mentales de una atleta rezumando por todas partes, como una gelatina derritiéndose.

Lo más probable es que estos comentaristas nunca hayan visto un thesaurus en su vida (y no es que todo ser humano que quiera decir dos palabras con sentido deba leerse uno, pero bien que es muy recomendable si tu trabajo implica hablar durante 6 horas seguidas y no quieres lavarles el cerebro a los televidentes repitiendo “esto es increíble” cada dos minutos). Pero retomo ideas: como decía líneas arriba, pienso que “hacer buen uso del lenguaje” no quiere decir parlar como si te hubieras tragado la colección completa de la Real Academia de la Lengua, sino sólo hacerte entender y respetar las reglas básicas de la ortografía y la redacción (recordar que existen las tildes y los puntos y las comas, por ejemplo). No hace falta usar palabras complicadas, mandarte con todas las figuras literarias que existen y usar el verbo enrevesado de García Márquez en sus buenas épocas. Recuerdo que a los comentaristas locales de fútbol los televidentes les reclamaban el que narraran un partido como si fuera una carrera de caballos, con 7 palabras por segundo pero, en vez de hablar durante un minuto, éstos se la pasaban en una hemorragia verborreica durante dos tiempos de 45 minutos cada uno. No hace falta que narran al detalle qué está pasando en un partido de fútbol (porque lo estamos viendo en pantalla), y más bien los comentaristas podrían demostrar porqué los llaman así y agraciarnos con información entretenida y, no por ejemplo, las cuarenta formas distintas con las que se refieren a una pelota (el esférico, la redonda, la gordita, el balón…)

PD. Debido a otra interrupción es la 1:00am cuando termino de escribir esto. Bueno…





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